Devocional Corriendo para ganar (Dia 8)


Corriendo para ganar (Día 8) – Correr para superarnos

Filipenses 3:12–14
“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”

“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.”
1 Corintios 9:24


El Señor no nos llama simplemente a correr, sino a correr con intención. Pablo no habla desde la inmadurez espiritual, sino desde una vida profundamente entregada a Cristo. Aun así, declara con honestidad: “no he llegado”. Esta confesión no es debilidad; es hambre espiritual.
Correr para superarnos no significa competir con otros, sino no conformarnos con la versión espiritual del año pasado. 

El peligro más grande en la carrera cristiana no es caerse, sino detenerse creyendo que ya es suficiente. Pablo decide olvidar lo que queda atrás, tanto los fracasos como los logros, porque ambos pueden frenar el avance si se transforman en un lugar de descanso.

En toda carrera hay una tensión constante entre lo que ya se recorrió y lo que aún falta. El corredor que mira hacia atrás pierde velocidad y enfoque. Por eso Pablo dice: “una cosa hago”. La superación espiritual comienza cuando dejamos de dispersarnos y entendemos que la vida cristiana no se vive a medias, sino con determinación.
Pero esta carrera no se corre en nuestras fuerzas. El mismo texto nos recuerda que fuimos “asidos por Cristo”. 

No corremos para alcanzarlo a Él; corremos porque Él ya nos alcanzó primero. Nuestra superación no nace del orgullo, sino de la gratitud. No buscamos el premio para exaltarnos, sino para honrar el llamado que recibimos.
Superarnos espiritualmente no es hacer más cosas, sino permitir que Cristo nos transforme más profundamente mientras corremos. 

El mayor riesgo no es cansarnos, sino perder el hambre de Dios y acomodarnos. Por eso dejamos atrás tanto los errores como los logros del pasado y seguimos adelante, con los ojos puestos en Jesús. 

Este desafío atraviesa a todas las edades. Los jóvenes son llamados a aprender desde ahora a correr con enfoque y compromiso. Los adultos, a no vivir de experiencias pasadas, sino a seguir creciendo y renovándose en el Señor. La madurez espiritual no es llegar, sino permanecer en movimiento.

Dios nos está llamando este año a correr con determinación, con los ojos puestos en Jesús, entendiendo que la carrera no se gana por impulso, sino por perseverancia. Superarnos no es hacer más cosas, sino vivir una fe más profunda, más coherente y más rendida a Cristo.

Oracion:
Señor Jesús, hoy reconocemos que, más de una vez, nos hemos conformado y bajamos el ritmo durante está carrera. 
Gracias porque tu nos alcanzaste primero y nos llamaste a algo más alto y más profundo.
Danos un corazón decidido, enfocado y perseverante, para que este año podamos superarnos, no para nuestra gloria, sino para honrar el llamado que tú nos has dado. 
Amén.

By: Matias Lopez (Líder de Jovenes)

Comentarios

  1. En este año quiero honrar el llamado que Dios me ha dado

    ResponderEliminar
  2. Este año quiero honrar aDios dedicandole mi compromiso y direccion con mi corazon entregado

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Devocional: De corazon a Corazon: HIJOS DE LA CASA DIA 1

Devocional: De corazón a corazón: HIJOS DE LA CASA DIA 4

Devocional: Corriendo para Ganar (Dia 1)