Charla de celula ¡CUIDÁ LO QUE DIOS ESTÁ HACIENDO!🔥🙌
¡CUIDÁ LO QUE DIOS ESTÁ HACIENDO!
Texto bíblico: Éxodo 1:15-21
Éxodo 1:20-21 (RVR1960)
“Y Dios hizo bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera. Y por haber las parteras temido a Dios, él prosperó sus familias”.
INTRODUCCIÓN: CUANDO DIOS MULTIPLICA, NECESITAMOS CUIDAR
La Biblia nos cuenta que el pueblo de Israel se multiplicaba y se fortalecía en Egipto. Pero ese crecimiento despertó temor en Faraón, quien comenzó a oprimir al pueblo y ordenó matar a los niños varones recién nacidos.
Sin embargo, en medio de esa situación aparecieron dos mujeres llamadas Sifra y Fúa, que eran parteras hebreas.
Faraón había dado una orden, pero ellas decidieron temer a Dios antes que obedecer una orden que atentaba contra la vida. Por eso, preservaron la vida de aquellos niños.
¡Qué enseñanza tan poderosa encontramos acá!
Mientras Faraón intentaba detener el crecimiento, Dios levantó personas que se pusieron del lado de la vida.
La multiplicación necesitaba parteras.
Y hoy, cuando Dios está haciendo crecer una iglesia, también necesitamos personas dispuestas a cuidar lo que está naciendo.
No alcanza con celebrar que la iglesia crezca. Tenemos que asumir la responsabilidad de cuidar, acompañar y ayudar a desarrollar aquello que Dios está haciendo.
1. PRIMERO TENEMOS QUE CUIDAR LO QUE DIOS ESTÁ HACIENDO EN NOSOTROS
Antes de cuidar lo que Dios está haciendo alrededor nuestro, tenemos que aprender a cuidar lo que está haciendo dentro de nosotros.
A veces hablamos de crecimiento, multiplicación, nuevas células, nuevos líderes y personas que van a llegar a la iglesia. Pero podemos estar tan ocupados con las actividades que terminemos descuidando nuestra propia vida espiritual.
Tenemos que cuidar nuestra relación con Dios, nuestra vida de oración, nuestro carácter, nuestra familia y el fuego espiritual que el Señor encendió en nosotros.
No podemos pretender acompañar a otros si nosotros mismos estamos descuidando nuestra relación con el Señor.
Por eso, antes de preguntarnos a quién vamos a cuidar, tenemos que preguntarnos: ¿Qué está haciendo Dios en mi corazón? ¿Qué necesito fortalecer? ¿Estoy creciendo espiritualmente?
No podemos cuidar correctamente a otros si primero descuidamos nuestra propia vida espiritual.
Dios quiere hacer una obra en nosotros para después hacer una obra a través de nosotros.
2. DIOS NECESITA PAR TERAS QUE CUIDEN LO QUE ESTÁ NACIENDO
Éxodo nos muestra que aquellos bebés eran vulnerables. No podían defenderse solos; necesitaban que alguien los cuidara.
Las parteras tenían una función muy importante: acompañaban el nacimiento y ayudaban a preservar la vida.
Ahora llevemos esto a nuestra iglesia.
Cuando una persona llega por primera vez, muchas veces está comenzando algo nuevo con Dios. Quizás viene de una familia destruida, de una crisis matrimonial, de una depresión, de una adicción o de una temporada muy difícil de su vida.
Llega a la iglesia, escucha la Palabra, recibe oración y comienza a tener esperanza.
¡Algo está naciendo!
Pero esa persona todavía necesita cuidado. Quizás no conoce la Biblia, no sabe cómo orar o todavía tiene muchas luchas que necesita superar.
No podemos exigirle a un recién nacido que camine como alguien que tiene años de experiencia.
Primero necesita crecer.
Por eso necesitamos asumir el rol de las parteras espirituales.
¿Cómo lo hacemos?
- Con presencia: no solamente saludamos a la persona cuando viene, sino que nos interesamos por su vida.
- Con oración: intercedemos por ella, por su familia y por su crecimiento.
- Con acompañamiento: le escribimos, la escuchamos y la invitamos a volver.
- Con paciencia: entendemos que el crecimiento espiritual es un proceso.
- Con enseñanza: la ayudamos a conocer a Jesús, su Palabra y su propósito.
No todos tienen que predicar desde un púlpito, pero todos podemos cuidar una vida.
Quizás vos no seas quien predique el mensaje que transforme a una persona, pero podés ser quien la reciba en la puerta, quien la visite, quien ore por ella o quien le mande un mensaje en el momento justo.
¡Y eso también es ministerio!
La iglesia no solamente necesita personas que ganen almas; necesita personas que amen y cuiden las almas que se están ganando.
3. NO SEAS PARTE DE LO QUE DESTRUYE; SÉ PARTE DE LO QUE DIOS ESTÁ CONSTRUYENDO
Faraón quería detener el crecimiento del pueblo. Su orden estaba dirigida contra los recién nacidos, contra aquello que recién comenzaba a desarrollarse.
Sifra y Fúa tomaron una decisión: no iban a colaborar con una orden que atentaba contra la vida.
Hoy nosotros también tenemos que revisar nuestras palabras, nuestras actitudes y nuestra manera de tratar a las personas.
A veces alguien llega a la iglesia y, en lugar de encontrar cuidado, encuentra críticas.
Alguien comienza a servir y recibe desánimo.
Un nuevo líder intenta dar sus primeros pasos y nosotros le recordamos todos sus errores.
Una persona vuelve después de mucho tiempo y, en vez de recibir restauración, siente que todos la están juzgando por su pasado.
¡Tenemos que tener cuidado!
No significa que debamos ignorar los errores. La iglesia necesita verdad, corrección y límites sanos. Pero la corrección debe buscar restaurar y hacer crecer, no humillar ni destruir.
No podemos pedirle a Dios multiplicación mientras nuestras actitudes lastiman a las personas que Él está trayendo.
Si Dios está levantando nuevos servidores, cuidémoslos.
Si está levantando nuevos líderes, formémoslos.
Si está trayendo familias, acompañémoslas.
Si está restaurando a alguien, no le recordemos constantemente quién era antes de encontrarse con Jesús.
Si una persona todavía está aprendiendo, ayudémosla a crecer.
En lugar de preguntar: “¿Por qué todavía no sabe hacer esto?”, preguntémonos: “¿Cómo puedo ayudarla a aprender?”.
En lugar de decir: “Este líder todavía no está preparado”, preguntémonos: “¿Qué necesita desarrollar para estar preparado?”.
Las personas que cuidan lo que Dios está haciendo no compiten con el crecimiento de otros: lo favorecen.
Si queremos multiplicar las células, levantar nuevos líderes y alcanzar más familias, necesitamos una cultura de unidad, servicio y cuidado mutuo.
No alcanza con tener un lugar lleno. Queremos personas que encuentren a Cristo, crezcan en la fe, sean acompañadas y lleguen a convertirse en discípulos que también cuiden a otros.
4. CUIDAR LO QUE DIOS HACE TAMBIÉN TRAE BENDICIÓN
Volvamos a Éxodo 1:20-21. La Biblia dice que Dios hizo bien a las parteras y que prosperó sus familias.
Esto no significa que cada acto de servicio produzca automáticamente riqueza material o que nunca vayamos a atravesar dificultades. El texto nos muestra que Dios vio la reverencia de aquellas mujeres y su decisión de preservar la vida.
Dios no pasó por alto lo que hicieron aquellas mujeres.
Ellas no eran las protagonistas de una gran batalla militar. No estaban sentadas en un trono. No tenían el poder político de Faraón. Eran mujeres que cumplían una tarea fundamental y que decidieron honrar a Dios en medio de una situación difícil.
Y Dios las tuvo en cuenta.
Hay personas que quizás nunca van a aparecer en una foto, nunca van a predicar frente a una multitud y nunca van a recibir reconocimiento público. Pero están cuidando vidas.
Son las que oran cuando nadie las ve.
Las que llaman al que dejó de congregarse.
Las que reciben con amor al que llega por primera vez.
Las que preparan una célula en su casa.
Las que acompañan a una familia en crisis.
Las que ayudan a un nuevo servidor a descubrir su llamado.
¡Dios ve ese trabajo!
Gálatas 6:9 nos anima a no cansarnos de hacer el bien, porque a su tiempo cosecharemos si no desmayamos.
Quizás hoy estás cuidando una semilla y todavía no ves el fruto. Quizás estás invirtiendo tiempo en alguien que todavía no responde como esperabas.
No te canses de hacer el bien.
No todas las personas crecen al mismo ritmo. Pero cada acto de amor, realizado con sabiduría y fidelidad a Dios, puede ser parte del proceso que Él utiliza para transformar una vida.
Y hay otra bendición: cuando aprendemos a cuidar, también crecemos nosotros. Desarrollamos paciencia, amor, responsabilidad, sensibilidad espiritual y capacidad para liderar.
Muchas veces, mientras cuidamos lo que Dios está haciendo en otros, Dios también trabaja en nosotros.
5. ¿QUIÉNES VAN A SER LAS PARTERAS DE ESTA MULTIPLICACIÓN?
Quiero que pensemos en esto.
Si nuestra iglesia está creciendo, si estamos viendo personas nuevas, si queremos multiplicar las células y levantar nuevos líderes, necesitamos dejar de ser solamente espectadores del crecimiento y convertirnos en participantes responsables de lo que Dios está haciendo.
No podemos dejar toda la responsabilidad en el pastor, en los líderes o en quienes están al frente de una actividad.
Cada uno tiene algo para aportar.
Si recibís a una persona nueva, ayudala a sentirse en casa.
Si sabés que alguien está atravesando una lucha, acercate y escuchalo.
Si alguien deja de congregarse, contactalo con amor, sin reproches.
Si ves potencial en una persona, animala y ayudala a desarrollarse.
Si tenés una célula, prepará un ambiente donde las personas puedan escuchar la Palabra, orar y crecer.
Si otro está haciendo algo bueno para el Reino, apoyalo en lugar de competir con él.
Y recordemos algo: cuidar no es controlar. No se trata de decidir por la vida de los demás ni de generar dependencia de un líder. Se trata de acompañar a las personas para que crezcan en Cristo, aprendan a caminar con Dios y puedan cuidar a otros también.
Ese es el objetivo de la multiplicación: que las personas no solamente lleguen, sino que sean afirmadas, discipuladas y capacitadas para llevar el amor de Jesús a otros.
La multiplicación no termina cuando nace una vida espiritual. También tenemos que acompañar su crecimiento.
PREGUNTAS PARA COMPARTIR
1. ¿Qué está haciendo Dios en mi vida que necesito cuidar y fortalecer?
2. ¿Hay alguna persona a mi alrededor que necesite que yo la acompañe, la anime o vuelva a acercarme a ella?
3. ¿Qué acción concreta puedo realizar esta semana para cuidar lo que Dios está haciendo en nuestra iglesia?
CIERRE: ¡DIOS ESTÁ BUSCANDO PARTERAS ESPIRITUALES!
Quiero terminar con esta idea: en Éxodo, mientras Faraón intentaba detener el crecimiento, Dios encontró dos mujeres que decidieron preservar la vida.
Sifra y Fúa nos recuerdan que una persona puede marcar una diferencia enorme cuando decide actuar con temor de Dios.
Tal vez vos pensás que no tenés mucho para ofrecer. Quizás no predicás, no dirigís una célula o no estás al frente de un ministerio. Pero podés cuidar una vida.
Podés ser esa persona que recibe con amor.
Podés ser quien acompaña al nuevo creyente.
Podés ser quien ora por una familia.
Podés ser quien anima a un líder que está cansado.
Podés ser quien ayuda a alguien a no abandonar el camino.
No todos vamos a estar en el momento de la cosecha, pero todos podemos participar en el proceso de cuidar lo que Dios está haciendo.
Y si el Señor está trayendo crecimiento a nuestra casa, no queremos ser una iglesia que solamente celebra cuántas personas llegan. Queremos ser una iglesia que sabe cuidar, formar, acompañar y enviar.
Que cuando una persona entre por nuestras puertas encuentre una familia espiritual que la ayude a crecer.
Que cuando un nuevo líder se levante, encuentre personas que crean en él y lo formen.
Que cuando una familia llegue herida, encuentre amor, verdad, oración y acompañamiento.
Que cuando Dios comience algo nuevo, nosotros no seamos un obstáculo, sino instrumentos en sus manos.
Porque una iglesia que quiere multiplicarse necesita personas dispuestas a cuidar.
¡NO SOLAMENTE QUEREMOS VER NACER VIDAS NUEVAS; QUEREMOS SER UNA IGLESIA QUE LAS CUIDE HASTA QUE CREZCAN Y TAMBIÉN PUEDAN DAR FRUTO!
ORACIÓN FINAL
Señor, gracias por lo que estás haciendo en nuestras vidas y en nuestra iglesia.
Hoy te pedimos que nos des un corazón sensible para reconocer lo que estás haciendo a nuestro alrededor. Ayudanos a cuidar nuestra vida espiritual y a no descuidar aquello que vos estás formando dentro de nosotros.
Levantá en esta casa hombres y mujeres con un corazón de parteras espirituales, personas dispuestas a cuidar, acompañar, amar, formar y sostener a quienes están comenzando su camino con vos.
Perdonanos si alguna vez nuestras palabras lastimaron, si nuestras actitudes desanimaron o si dejamos de acompañar a alguien que necesitaba de nosotros.
Danos sabiduría para corregir con amor, paciencia para acompañar los procesos y humildad para servir sin buscar reconocimiento.
Declaramos que queremos ser una iglesia que no solamente reciba personas, sino que las ame, las afirme, las discipule y las prepare para cumplir tu propósito.
Que cada célula sea un lugar de vida, que cada líder tenga un corazón de pastor y que cada persona encuentre una familia espiritual donde pueda crecer.
Señor, mientras vos multiplicás, enseñanos a cuidar. Mientras vos levantás nuevas vidas, levantanos también a nosotros como instrumentos en tus manos.
En el nombre de Jesús. Amén.
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