CHARLA PARA CÉLULA: CULTIVAR LA SANTIDAD 🌱

CHARLA PARA CÉLULA: CULTIVAR LA SANTIDAD 🌱

Idea central: Lo que Dios apartó para Él, nosotros tenemos la responsabilidad de cuidarlo, protegerlo y cultivarlo.

Texto principal: 1 Pedro 1:15-16 (RVR1960)

“Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”.

INTRODUCCIÓN: LA SANTIDAD SE VIVE TODOS LOS DÍAS

Cuando escuchamos la palabra santidad, a veces pensamos en alguien que nunca se equivoca, que no puede divertirse o que vive alejado de todo el mundo. Pero la santidad no se trata de aparentar perfección ni de aislarnos de las personas.

Ser santo significa pertenecer a Dios y aprender a vivir de una manera que lo honre.

Pensemos en un jardín. Nadie planta flores hoy y espera encontrar mañana un jardín hermoso sin tener que cuidarlo. Hay que regarlo, sacar las malezas y prestar atención para que crezca sano.

Con nuestra vida espiritual pasa algo parecido. No alcanza con haber tenido una experiencia con Dios hace años, haber pasado al altar o haber recibido una palabra. Necesitamos cuidar cada día nuestra relación con Él.

La pregunta no es solamente: ¿Soy cristiano? También es: ¿Lo que estoy viviendo hoy refleja que pertenezco a Jesús?

Vamos a ver tres áreas en las que necesitamos cultivar la santidad.

1. CUIDÁ LO QUE DEJÁS CRECER EN TU CORAZÓN

Proverbios 4:23

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”.

Antes de que una planta se vea por fuera, algo está creciendo por dentro. Con nosotros también pasa eso: muchas actitudes que después se manifiestan en nuestras acciones comenzaron como pensamientos, deseos o sentimientos que dejamos crecer.

Por eso, cultivar la santidad empieza en el corazón y en la mente.

No se trata de vivir con miedo a todo, sino de aprender a discernir qué cosas nos acercan a Dios y cuáles nos van enfriando espiritualmente.

Por ejemplo:

- Si alimentamos constantemente el enojo, tarde o temprano vamos a terminar tratando mal a alguien.
- Si alimentamos la comparación, vamos a dejar de valorar lo que Dios está haciendo en nuestra vida.
- Si consumimos todo tipo de contenido sin poner límites, podemos acostumbrarnos a cosas que antes nos incomodaban.
- Si dejamos crecer una herida sin tratarla, podemos terminar reaccionando desde el dolor y no desde el amor.

No todo lo que llama nuestra atención merece entrar en nuestro corazón.

A veces queremos cambiar nuestras reacciones, pero no revisamos lo que estamos alimentando por dentro.

Por eso, esta semana preguntate: ¿Qué estoy mirando? ¿Qué estoy pensando? ¿Qué sentimiento estoy dejando crecer?

Dios no quiere solamente cambiar nuestra apariencia; quiere transformar nuestro interior.

2. LA SANTIDAD TAMBIÉN SE NOTA EN LO QUE HABLAMOS

Efesios 4:29 (RVR1960)

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”.

Hay algo que hacemos todos los días y que muchas veces no cuidamos lo suficiente: hablar.

Podemos levantar las manos en la reunión, cantar con todo el corazón y decir que amamos a Dios, pero después, en una conversación, lastimar a alguien con nuestras palabras.

La santidad también se demuestra cuando nadie nos está mirando, cuando estamos con amigos, cuando hablamos por WhatsApp o cuando alguien nos cuenta algo de otra persona.

No podemos pedirle a Dios que use nuestra boca para bendecir y después usarla para destruir.

Hay tres cosas que necesitamos aprender a cuidar:

- El chisme: No todo lo que sabemos tenemos que contarlo. Antes de hablar de alguien, pensemos si nuestras palabras van a ayudar o solamente van a perjudicar.
- Las bromas y los comentarios fuera de lugar: No todo lo que hace reír está bien. Podemos tener alegría y disfrutar con otros sin humillar, sexualizar o incomodar a nadie.
- La queja y la crítica constante: Una cosa es hablar de un problema para encontrar una solución y otra es vivir señalando lo malo de todo y de todos.

Y esto es importante para nuestra célula: queremos construir un lugar donde las personas puedan sentirse amadas, cuidadas y seguras, no un lugar donde tengan miedo de convertirse en tema de conversación.

Antes de hablar, podemos hacernos tres preguntas sencillas:

¿Es verdad? ¿Es necesario? ¿Lo estoy diciendo con amor?

No significa que nunca podamos corregir o hablar de algo difícil. Significa que, aun cuando tengamos que decir una verdad, podemos hacerlo con respeto y con un corazón limpio.

Una persona que está cultivando la santidad no solamente cuida lo que dice de Dios; también cuida cómo habla de las personas que Dios ama.

3. PARA CRECER, HAY COSAS QUE TENEMOS QUE DEJAR ATRÁS

Hebreos 12:1 (RVR1960)

“Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”.

Imaginate una persona que quiere correr una carrera, pero sale con una mochila llena de piedras. Tiene ganas de llegar, tiene fuerzas, pero está cargando cosas que le hacen más difícil avanzar.

A veces queremos crecer espiritualmente, tener más intimidad con Dios y servir con alegría, pero seguimos aferrados a hábitos, relaciones o actitudes que nos están frenando.

Hay cosas que no necesariamente parecen graves al principio, pero que, si las dejamos crecer, terminan ocupando demasiado lugar.

Puede ser una conversación que sabemos que no nos hace bien, una costumbre que nos domina, una relación que nos lleva a desobedecer a Dios, una falta de perdón o una actitud de orgullo que no queremos reconocer.

Por eso, la Palabra nos invita a despojarnos de todo peso y del pecado que nos enreda.

¿Cómo lo hacemos?

- Reconociendo lo que necesitamos cambiar. No podemos trabajar sobre algo que insistimos en negar.
- Buscando ayuda cuando la necesitamos. Hablar con un líder maduro y de confianza no es una señal de debilidad; puede ser un paso importante para salir adelante.
- Tomando decisiones concretas. Si algo nos hace tropezar una y otra vez, no alcanza con decir que vamos a cambiar: necesitamos poner límites y actuar.

Y algo importante: cultivar la santidad no significa que nunca vamos a equivocarnos. Significa que, cuando Dios nos muestra algo que está mal, no lo justificamos ni nos acostumbramos a vivir así. Nos arrepentimos, recibimos su gracia y volvemos a caminar con Él.

La gracia de Dios no es una excusa para quedarnos como estamos; es la oportunidad de levantarnos y seguir creciendo.

No podemos cambiar todo de un día para otro, pero sí podemos empezar hoy con una decisión concreta.

PREGUNTAS PARA COMPARTIR

1. Si alguien que no conoce a Jesús te preguntara qué significa vivir en santidad, ¿cómo se lo explicarías con tus palabras?
2. ¿Qué cosas de nuestra vida cotidiana pueden ir enfriando nuestra relación con Dios sin que nos demos cuenta?
3. ¿Cómo podemos hacer de nuestra célula un lugar donde nuestras palabras animen, cuiden y edifiquen a los demás?
4. ¿Hay alguna actitud, hábito o carga que sentís que Dios te está invitando a dejar atrás?

DESAFÍO DE LA SEMANA: CULTIVÁ ALGO NUEVO

Esta semana vamos a poner en práctica tres decisiones sencillas:

1. Cuidá lo que consumís. Elegí poner límites a algún contenido que te quite paz, alimente pensamientos dañinos o te aleje de Dios.

2. Alimentá tu relación con Dios. Separá al menos 15 minutos diarios para leer la Biblia y orar. No lo hagas solamente por cumplir, sino para conocer más al Señor.

3. Bendecí con tus palabras. Antes de criticar, quejarte o hablar de alguien, frená un momento. Buscá una manera de responder con verdad, respeto y gracia.

No busquemos hacer todo perfecto en siete días. Busquemos dar pasos reales y sostenerlos.

ORACIÓN FINAL

Señor Jesús, gracias porque nos llamaste a pertenecerte y nos diste una nueva vida.

Hoy queremos aprender a cultivar la santidad en lo cotidiano: en nuestros pensamientos, en nuestras conversaciones, en nuestras decisiones y en nuestras relaciones.

Mostranos qué cosas estamos dejando crecer y qué cosas necesitamos arrancar de raíz. Ayudanos a cuidar nuestro corazón, a hablar palabras que edifiquen y a tener el valor de dejar atrás todo aquello que nos aleja de tu voluntad.

No queremos vivir solamente de experiencias pasadas; queremos caminar con vos cada día.

Que nuestra casa, nuestra célula y nuestra iglesia sean lugares donde tu presencia se refleje en la manera en que nos tratamos y nos amamos.

Gracias porque, aun cuando nos equivocamos, tu gracia nos llama a levantarnos y seguir creciendo.

En el nombre de Jesús. Amén.

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